Hacemos libros para buenos lectores.
Fuegia es una novela que se pliega sobre la Historia, una ficción que narra el exterminio de los canoeros y de los parrikens, dos pueblos que habitan una isla que podría ser Tierra del Fuego, pero que en realidad no existe, dos pueblos que podrían ser los Yaganes o los Selkn´am, pero que tampoco lo son. Al mismo tiempo es el reflejo de los cambios que el fin del siglo XIX imponen sobre el mundo, y especialmente sobre la geografía, la economía y el pensamiento de nuestro país: el avance de la civilización sobre la barbarie; aunque, como dijo José Martí, la única batalla sea entre la falsa erudición y la naturaleza.
En definitiva, lo que Belgrano Rawson intenta develar es la pregunta que alguien lanza, un día nublado y triste, casi al pasar, sobre el paisaje isleño plagado de tumbas: ¿Por qué nos estamos muriendo todos? Y la respuesta es un coro polifónico que narra el peregrinaje desesperado de Camilena Kippa y Tatesh; la lenta implosión de la misión anglicana al mando de la viuda Elizabeth Dobson; los intentos estériles para conservar las migajas de un pueblo que desaparece del Padre Lorenzo; los días en ese paraje infernal de Thomas Larch, el brazo armado de los criadores de ovejas.
Fuegia es una de las grandes novelas de Eduardo Belgrano Rawson. A treinta años de su lanzamiento es un texto que todavía conversa con los abusos que el mundo propone, y por sobre todas las cosas, sigue siendo una novela maravillosa que merece cada vez más lectores.
Yo tenía que contar un genocidio. La historia de un genocidio. Eso se me instaló como un objetivo difuso. No podía ser una novela de denuncia, no podía ser una novela de barricada, no podía ser un alegato, porque se iba a convertir en algo demasiado grosero. Tenía que contar el espíritu de lo que pasó.
Eduardo Belgrano Rawson
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Fuegia es una novela que se pliega sobre la Historia, una ficción que narra el exterminio de los canoeros y de los parrikens, dos pueblos que habitan una isla que podría ser Tierra del Fuego, pero que en realidad no existe, dos pueblos que podrían ser los Yaganes o los Selkn´am, pero que tampoco lo son. Al mismo tiempo es el reflejo de los cambios que el fin del siglo XIX imponen sobre el mundo, y especialmente sobre la geografía, la economía y el pensamiento de nuestro país: el avance de la civilización sobre la barbarie; aunque, como dijo José Martí, la única batalla sea entre la falsa erudición y la naturaleza.
En definitiva, lo que Belgrano Rawson intenta develar es la pregunta que alguien lanza, un día nublado y triste, casi al pasar, sobre el paisaje isleño plagado de tumbas: ¿Por qué nos estamos muriendo todos? Y la respuesta es un coro polifónico que narra el peregrinaje desesperado de Camilena Kippa y Tatesh; la lenta implosión de la misión anglicana al mando de la viuda Elizabeth Dobson; los intentos estériles para conservar las migajas de un pueblo que desaparece del Padre Lorenzo; los días en ese paraje infernal de Thomas Larch, el brazo armado de los criadores de ovejas.
Fuegia es una de las grandes novelas de Eduardo Belgrano Rawson. A treinta años de su lanzamiento es un texto que todavía conversa con los abusos que el mundo propone, y por sobre todas las cosas, sigue siendo una novela maravillosa que merece cada vez más lectores.
Yo tenía que contar un genocidio. La historia de un genocidio. Eso se me instaló como un objetivo difuso. No podía ser una novela de denuncia, no podía ser una novela de barricada, no podía ser un alegato, porque se iba a convertir en algo demasiado grosero. Tenía que contar el espíritu de lo que pasó.
Eduardo Belgrano Rawson